Colombia se sacude y gana su primer juego del Sub-20, contra Bolivia

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Pasaron 242 minutos; dos partidos y medio; cuatro pelotas en los palos; un cambio de fórmula, de estrategia, de táctica; variantes; además de estrés, ansiedad y presión, hasta que por fin la Selección Colombia sub-20 respiró porque encontró el anhelado gol, el esquivo, el que se le había refundido. Fue uno solo, debieron ser más, pero este fue suficiente para sacudirse, para ganar su primer partido del Suramericano, contra Bolivia, 1-0. Qué alivio.

Lo hizo Iván Angulo, quien llevaba cinco minutos en la cancha. Había sido titular en los dos primeros partidos y no anotó, dejó algunos destellos de picardía, pero fue el sacrificado por el técnico Arturo Reyes para cambiar su estrategia, para buscar como fuera el gol y el triunfo con otras armas. Pero cuando el partido se extinguía a pasos veloces, al DT le tocó recurrir otra vez a este inquieto atacante, quien en la primera pelota que recibió abrió el arco y prendió la luz para una Colombia que avanzaba a tientas.

Angulo recibió un pase de Delgado desde la izquierda, la pelota, inquieta, se le fue larga, la rescató y definió. Iban 17 minutos del segundo tiempo. Fin del martirio.
Colombia por fin ganó y por fin hizo gol. Eso era lo que se le pedía a gritos, que sus jugadores encontraran el camino, la tranquilidad para definir. Ya estaba bueno de remates desviados, sin potencia, sin convicción, o con convicción pero sin puntería, o con puntería pero sin suerte. Porque esta Selección avanza por el Suramericano cuesta arriba, por ese pequeño detalle, que el gol se le dificulta. Pueda ser que el tanto de Angulo abra la senda y despeje el camino.

La Selección aún sufre para crear una opción de gol, y cuando la encuentra –vaya trabajo– desperdicia como si le sobraran las ocasiones, o como si los jugadores llegaran cansados a ese remate final, sin piernas, sin potencia –a algunos ya les pasa factura el cansancio de tres juegos seguidos–. En sus dos primeros partidos se fue en ceros, contra Venezuela (derrota 1-0) y Brasil (0-0). Primero apostó en ataque con Rivaldo Correa, que dejó su pólvora en el aeropuerto, y ahora cambió con Jáder Valencia, que tampoco tuvo fortuna.

A Valencia y Sandoval aún les debe doler la panza, la cabeza, las piernas y todo el cuerpo, pues en el primer tiempo fallaron una ocasión inmejorable de gol, que hubiera quitado tanta angustia. Jáder recuperó el balón en la mitad de la cancha –torpeza de un rival que pisó la pelota y se cayó–, avanzó solo, con todo el terreno por delante, y frenó, quiso ser un delantero solidario, cuando lo que se necesita es uno que solo piense en el gol, y le pasó la pelota a Sandoval, que quizá ya no la esperaba, pese a quedar de frente al arco: no supo qué hacer con ella, hasta que lo bloquearon. Menos mal estaba Angulo preparando su faena desde el banco. Menos mal Reyes lo metió.

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